Sembrar las semillas de la educación para la sostenibilidad en Indonesia

Yusuf Hadik es una persona audaz. Pero ni siquiera él hubiera imaginado que la solución a los problemas de desempleo de sus vecinos de la aldea serían las rosas.

Yusuf dejó su empleo de funcionario para construir un centro de aprendizaje y ayudar a sus vecinos, muchos de los cuales eran pobres y analfabetos, en Suntenjaya, una comunidad rural situada en las faldas del monte Tangkuban Perahu, en Bandung (Indonesia).

El Centro Geger Sunten, uno de los 47 auspiciados por el Centro Jayagiri, ganador del Premio UNESCO Japón de Educación para el Desarrollo Sostenible 2015, abrió sus puertas gratuitamente a jóvenes y adultos.

La mayoría de los estudiantes provenían de familias que tradicionalmente habían subsistido gracias al cultivo de hortalizas en tierras que eran propiedad de una empresa estatal próxima a la aldea. Cuando el gobierno prohibió la práctica de la horticultura en las laderas del monte, para evitar la repetición de los aludes, las familias perdieron de pronto sus medios de subsistencia.

Con el apoyo del Centro Jayagiri, Yusuf reunió fondos y arrendó cuatro hectáreas de tierra para que los campesinos se dedicaran a un nuevo cultivo: las rosas.

“Tratamos de plantar fresas y cactus, pero las rosas fueron la mejor opción. Los campesinos necesitaban una sola inversión, la planta puede durar hasta seis años y las rosas pueden cosecharse cada tres días. Además, la aldea disponía de su propio mercado, porque el distrito de Lembang, en el que se encuentra, era ya muy conocido como centro de producción de flores”, afirma Yusuf.

A las mujeres y los jóvenes se les facilitó formación para que hallaran nuevos empleos

Yusuf y cuatro campesinos de la zona se involucraron aún más en la creación de medios de desarrollo sostenibles, entre otros la capacitación de mujeres y jóvenes para que pudieran lanzar otros negocios. A fin de apoyar la educación de los niños de la aldea, Yusuf creó un grupo de juegos y una guardería donde sus madres podían dejarlos mientras asistían al centro de capacitación.

El centro trabaja actualmente con 60 cultivadores de rosas y cada familia puede ganar ahora de 2 a 3 millones de rupias indonesias (de 140 a 210 euros) mensuales, lo que representa alrededor del doble del salario mínimo que perciben los obreros en Bandung. Como la plantación de rosas no exige cuidados diarios, la mayoría de los campesinos desempeña también otros trabajos, por ejemplo, en la construcción.

Mientras tanto, sus esposas tienen pequeñas empresas domésticas, que prestan servicios de maquillaje para bodas o elaboran artesanía tradicional a partir de materiales reciclados. Los jóvenes de la familia que han abandonado los estudios pueden tomar un curso que les proporciona un diploma equivalente al de la enseñanza secundaria e incorporarse a un grupo de arte o a clases de empresariales, en ámbitos tales como la cría de conejos o el cultivo de verduras orgánicas.

Según Yusuf, el centro supervisa actualmente actividades en siete aldeas del Distrito de Lembang, entre ellas Suntenjaya. Si en 2005 el número total de analfabetos y jóvenes que habían abandonado los estudios en la región era de 3.000 personas, en el último decenio esa cifra se ha reducido a 1.700. Hasta ahora, el centro ha formado o capacitado a más de 6.900 alumnos.

El Centro Jayagiri, una institución para la educación de la primera infancia y la instrucción formal e informal, auspiciada por el Ministerio de Educación Nacional y Cultura de Indonesia, emplea actualmente a 120 tutores y sus 47 centros de aprendizaje están ubicados en cinco provincias: Bengkulu, Bangka Belitung, Banten, la región especial de la capital Jakarta y Java Occidental.   

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