Punto de vista: Cómo fomentar la ciudadanía global a través de la educación

La ciudadanía mundial, el sentido de solidaridad entre ciudadanos del mundo entero, es cada vez más importante en la sociedad contemporánea. A medida que estamos más conectados y que interactuamos con muchos pueblos distintos, la ciudadanía mundial enseña a las personas de todas las edades no sólo a comprender estas diferencias, sino también a aceptarlas.

Uno de los puntales de ese concepto es la educación para la ciudadanía mundial (GCED). Ya no basta con enseñar a los niños a leer y escribir. Los retos del siglo XXI están interconectados en sus aspectos esenciales y la educación nos ayuda a solucionar esos desafíos, al promover la preocupación y los cuidados hacia nuestra familia mundial. La GCED fomenta el respeto de los derechos humanos, la justicia social, la diversidad, la igualdad de género y la sostenibilidad medioambiental.  El esfuerzo orientado a alcanzar estos atributos contribuye a formar a ciudadanos responsables, dotados de una conciencia mundial.     

Con el fin de velar por que la GCED se integre en los sistemas educativos y figure en los programas de educación que se aplicarán después de 2015, la UNESCO se dispone a celebrar el Segundo Foro sobre Educación para la Ciudadanía Mundial, que tendrá lugar en su Sede de París, del 28 al 30 de enero de 2015. 

Pero la GCED es algo más que un simple aprendizaje teórico. Se trata también de la conducta. El hecho de vivir la vida según las enseñanzas de la GCE y de transmitirlas a otras personas puede marcar una diferencia tangible en el mundo, tal como muestra la entrevista que figura a continuación.  

El filipino Rolando Villamero, de 26 años de edad, es fundador de la organización TOPDAC (Diez discapacitados destacados en la comunidad de ex alumnos de la provincia de Negros Oriental). Esta entidad empodera a personas con discapacidad y fomenta la sensibilidad acerca de sus derechos. Rolando es también miembro del Grupo de Promoción de los Jóvenes de la iniciativa internacional “La educación ante todo” (GEFI) del Secretario General de las Naciones Unidas. La GEFI promueve la educación en tres ámbitos prioritarios: escolarizar a todos los niños, mejorar la calidad de la enseñanza y fomentar la ciudadanía mundial. En su condición de activista de la juventud, Rolando usa la GCE para contribuir a formular y promover iniciativas destinadas a ayudar a las personas discapacitadas en la ciudad donde reside, Dumaguete, en Filipinas.  

P: ¿Qué significa para usted ser ciudadano del mundo?

R: Ser ciudadano del mundo es más bien un proceso. Lo primero que usted debe tener en cuenta es alcanzar una profunda sensibilidad acerca de la idea de que vivimos en un mismo mundo.  Me gusta especialmente el refrán ubuntu (filosofía africana, ndt) que dice “yo soy porque tú eres y porque tú eres, yo soy". Dicho de otro modo, todos estamos vinculados y el primer paso hacia la ciudadanía mundial es adquirir conciencia de la comunidad a la que pertenecemos.

P: ¿De qué modo su labor en el plano local sirve de apoyo a la conciencia mundial y a un sentido de pertenencia a esa dimensión planetaria?

R: Los programas de ámbito local son el primer paso hacia la conciencia mundial. Para explicarlo usando mi propia experiencia: yo vine a Dumaguete, en Filipinas, una de las regiones más pequeñas del país. Desde 2008 he trabajado con niños discapacitados para velar por que reciban una educación integradora; éste es el plano local. En el plano mundial, promuevo esta labor y explico las necesidades de estos niños. La GCE me permite compartir sus relatos, me da una voz y quizá me ayuda a influir en los encargados de formular las políticas. También he podido usar las redes sociales para conectarme con otras personas en el mundo e intercambiar métodos e ideas. Esto es la GCE en acción.

P: ¿Algo más?

R: Gracias a mi colaboración con la iniciativa internacional “La educación ante todo” (GEFI) del Secretario General de las Naciones Unidas he conocido a otros jóvenes que promueven la GCE y hemos compartido diferentes intereses y experiencias. Así, yo hablo de discapacidad y mi colega de Australia promueve la educación de los pueblos indígenas. Nos reunimos para debatir acerca de qué puede hacerse y esto muestra que hay un movimiento sinérgico del plano local al mundial y demuestra cómo podemos avanzar en este campo.

P: ¿Por qué cree usted que la GCE es tan importante?

R: La GCE nos proporciona la conciencia de que vivimos en una sociedad interconectada y nos hace comprender cómo esas conexiones afectan a los demás. La enseñanza y el aprendizaje de la GCE fomentan la sensibilidad hacia nuestras comunidades respectivas y nos hacen comprender que, si bien pertenecemos a una sola sociedad, las personas que la componen proceden de orígenes muy diversos. Pero la clave consiste en reconocer que por sí sola esa conciencia no basta, que es preciso respetar y aceptar esa diversidad. Uno de los aspectos más importantes acerca de la GCE es que nos hace conscientes de las trampas que tenemos en la sociedad, de la falta de tolerancia y la incomprensión. Si aceptamos y respetamos la diversidad, podemos trabajar contra la discriminación y evitar el aislamiento.  La GCE nos ayuda a esforzarnos en la tarea de crear una sociedad para todos.

P: ¿Cuál es la mejor manera de promover la GCE en el mundo entero?

R: Queremos crear una estrategia universal, pero, al mismo tiempo, debemos respetar el contexto y las diferencias individuales. Necesitamos alcanzar el equilibrio entre ambos aspectos. Por ejemplo, el contexto y las necesidades de Malawi  y de Filipinas son muy diferentes y cuando promovemos la GCE debemos tener en cuenta esas diferencias. Es importante no imponer nuestros deseos a otras personas, sino escucharlas.  

P: ¿De qué modo la GCE ayuda en la vida cotidiana?

R: La GCE ayuda a que la gente comprenda que la diversidad puede asumir distintas modalidades. El aula de una escuela es en realidad un mundo en miniatura, un microcosmos donde se puede encontrar una gran diversidad de género, etnia, idioma y discapacidad. La GCE les enseña, tanto a los niños como a los docentes, a apreciar y respetar la diversidad, además de enseñarles a pensar sobre la sociedad y sobre lo que pueden aportar a la comunidad. El concepto de ciudadano del mundo debe comenzar en el aula. Por ejemplo, nosotros organizamos numerosos talleres de dramatización para niños, en los que se les ayuda a comprender lo que significa ser ciego o incapaz de andar, y estas representaciones ayudan a que los niños que no padecen discapacidad entiendan a sus condiscípulos discapacitados. El uso de la GCE para instruir a los niños acerca de la diversidad les ayuda a relacionarse con más sensibilidad y respeto con sus condiscípulos y otras personas a las que tal vez tengan que tratar.

P: ¿Qué dificultades encuentra en la promoción y aplicación de la GCE? 

R: Un aspecto fundamental sería cómo lograr que la teoría y la práctica coincidan. No basta con decir: “aquí tienen un texto que trata de la GCE”, sino que hay que ir más allá y velar por que esas ideas se pongan en práctica en el nivel más básico. Es preciso comprender no sólo el aspecto político, sino también el personal. Si la gente no entiende lo que la GCE significa, entonces no la apoyarán. La mejor manera de apoyar la GCE es hacerlo a través de la comunidad.