Una escuela que funciona en una cárcel y rehace las vidas de reos chilenos simboliza el espíritu del Día Internacional de la Alfabetización 2015

“Ahora sé quién soy y sé lo que quiero”, con estas palabras uno de los presos que asiste a la Escuela Juan Luis Vives de Valparaíso (Chile) resumió la transformación que la alfabetización ha operado en su vida.

La escuela, que funciona dentro de la prisión de Valparaíso, es una de las tres entidades galardonadas con el Premio Internacional de Alfabetización UNESCO-Confucio, que se otorga cada año el 8 de septiembre, Día Internacional de la Alfabetización. El premio se ha concedido este año al programa “Alfabetización de las personas privadas de libertad”, que la escuela desarrolla en las prisiones de Valparaíso, Rancagua y el Centro de Detención Preventiva de Casablanca, y que cada año llega a unos 150 reclusos de ambos sexos.   

La directora de la escuela, Sonia Álvarez, trabajó de maestra en la escuela de la prisión antes de decidir que quería alcanzar más control sobre su gestión. Con el respaldo del Estado, la Sra. Álvarez fundó la Escuela Juan Luis Vives, que obtuvo el reconocimiento oficial del Ministerio de Educación de Chile y se inauguró el 7 de junio de 1996.

“El nombre no lo escogimos al azar”, dijo la Sra. Álvarez. Juan Luis Vives fue un humanista y filósofo español que escribió El tratado del socorro de los pobres. “Tomamos su mensaje como enunciado de nuestra misión: ‘La educación no debería servir para obtener fama o fortuna, sino para alcanzar el más alto ideal del hombre: ser una persona mejor, cualquiera que sea su condición”.

La escuela afrontó numerosos problemas en los primeros tiempos. “Nuestra labor se desarrolla en un lugar anómalo, una instalación penal donde las normas que rigen los desplazamientos y el uso del tiempo y el espacio están impuestas por la policía. Cuando empezamos a trabajar, la primera tarea importante fue formar un equipo de docentes. No basta con ser competente; esos docentes necesitan un temperamento ecuánime, porque los problemas aquí son constantes. Los maestros tienen que comprender que no hay una varita mágica para lograr la rehabilitación, pero que, aun así, podemos ayudar a las personas con nuestro trabajo”.

También es preciso persuadir a los estudiantes para que vuelvan a las aulas. “La escuela no tenía mucho sentido para ellos, porque no se sentían bien acogidos”, explica la directora. “Había reglas que no querían obedecer, conductas que eran castigadas, toda una cadena de sucesos que los llevaban a abandonar la enseñanza. Con el tiempo, esos alumnos empezaron a valorar nuestra escuela, como cualquiera que se ha caído valora la mano que se le extiende”.

“A veces el alcohol, las drogas, la violencia física, la desnutrición y otros factores, quizá hayan reducido su capacidad de aprendizaje. Sin embargo, todavía hallamos a auténticos autodidactas y a otros estudiantes que descubren por vez primera que son capaces de aprender”.

Muchos estudiantes, una vez que han recuperado la libertad, encuentran empleo, pero la Sra. Álvarez afirma que la escuela mide su éxito por otros baremos. “Éxito es cuando una persona entra en prisión sin saber leer ni escribir y luego completa la escolaridad. Éxito es cuando nos escriben y nos dicen: ‘Ahora sé quién soy y sé lo que quiero, y deseo agradecer a todos los maestros que me ayudaron’. Éxito es cuando alguien que trata de alcanzar cierto nivel de instrucción sale de la cárcel y al día siguiente regresa y pregunta si hay una vacante, para poder continuar los estudios”.

La Sra. Álvarez dijo que el premio es un reconocimiento a la educación de adultos y a todos los docentes que trabajan en las prisiones de Chile. Los maestros de la Escuela Juan Luis Vives se sintieron estimados y con renovada energía. “Los estudiantes nos escribieron y nos dijeron: ‘¡Profes, se lo merecen!’ “.